Emoción y Bienestar

El equilibrio que necesitas

Adicción a las compras.

Es indudable que la Navidad se ha convertido en la época del año en la que más consumimos, y no movidos por los precios bajos como sucede en las rebajas, sino por el afán de celebración. Por eso, esta época se convierte en el momento perfecto para pasar por alto un trastorno psicológico que constituye un grave problema social, económico y personal a las personas que lo padecen: la compra compulsiva.

El trastorno de compras compulsivas (TCC) es un trastorno psicológico del control de los impulsos que se caracteriza por una urgencia irresistible a comprar, acompañada por unos niveles elevados de  ansiedad que se alivian tras la compra. Tras este alivio momentáneo, generalmente se experimentan sentimientos de culpa. Es un trastorno que afecta principalmente a mujeres jóvenes, con un nivel económico-cultural-profesional más elevado de lo habitual. La compra compulsiva suele comenzar a los 18 años y se manifiesta como un problema unos 7 a 10 años más tarde, por las deudas acumuladas, sensación de ser rechazado, sentimientos de culpa, dificultades financieras, legales, problemas conyugales y familiares.

La urgencia irresistible de comprar se presenta por término medio unas 3-4 veces por semana, con una media de duración de los episodios entre 1 y 5 horas. Normalmente se acompaña de “deseos de resistir”, que no suelen tener éxito. Existe una estrecha relación entre el estado emocional y la compra compulsiva, asociándose esta última principalmente con sentimientos de soledad, enfado, frustración y felicidad. Generalmente se sigue de sensación de gratificación, felicidad y alivio de la tensión, pero al poco tiempo aparecen sentimientos de culpa, enfado o tristeza. Los productos asociados con la apariencia física o atractivo son los más frecuentemente adquiridos: ropa, zapatos, joyería, maquillaje, discos y coleccionables. Por lo general, son usados mínimamente, y el destino suele ser la devolución, almacenado o regalo y en muchas ocasiones ni tan siquiera llegan a ser desenvueltos.

El mayor obstáculo es que estos compradores no reconocen el problema y no piden ayuda hasta que se ven obligados por la familia y la pareja, muchas veces tras haber arruinado la economía familiar o haber contraído una importante cantidad de deudas.

Desgraciadamente, de no tratarse este trastorno puede hacerse crónico, como sucede en un 60 por ciento de los casos. Por ello, se aconseja acudir al psicólogo en el momento en que no se puede controlar el impulso y éste es más fuerte que le voluntad.